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Cinco obras de teatro inconformistas en el Grec

EL PAÍS | TONI POLO

El teatro es, por encima de todo, el reflejo de la realidad. Y cuando la realidad no gusta, el teatro se convierte, por lo tanto, en una herramienta de crítica social. La apretada programación del Grec, que se ha inaugurado oficialmente este lunes con El poema de Guilgamesh, rei d’Uruk, de Oriol Broggi, nos permite trazar un itinerario a través de obras que plasman abusos de poder, injusticias cotidianas, totalitarismos, racismo, machismo… Sugerimos cinco muy diferentes entre sí, con lenguajes teatrales que pasan por el teatro de texto, por las nuevas tecnologías, por la performance, por la versión de un clásico y por una apuesta narrativa que juega con la participación (virtual, digamos) de los espectadores.

‘Gentry’

Los vecinos acaban expulsados de su barrio porque se ha revalorizado. Esto se llama gentrificación, un neologismo que hasta hace poco nadie sabía qué quería decir y ahora sufren miles de ciudadanos de la mismísima Barcelona que ceden sus pisos a gente acomodada que pasa a disfrutar de una zona rabiosamente de moda. Alba Valldaura, Mariona Naudin y Ireneu Tranis, el colectivo Mos Maiorum, igual que hicieron con su espectáculo anterior, sobre el conflicto de la inmigración, reproducen en escena testimonios auténticos de los “gentrificados”: sus dudas, su indignación, su pena. Mientras el público se vuelve un elemento escénico más, formando parte de la dramaturgia, los tres actores/creadores interactúan con las imágenes, los vídeos, los paisajes cambiantes, la poesía del drama. Teatro documental y documentado, crítico e inconformista que ganó el premio Adrià Gual 2017 para estrenarse este Grec.

Hiroshima. Del 7 al 9 de julio.

‘Shenzen significa infierno’

El tándem italiano que forman el dramaturgo Stefano Massini y del director Roberto Romei vuelve al Grec y vuelve a hacerlo con un montaje absolutamente crítico con un mundo globalizado. Si Lehman Trilogy (en el Grec 2016) reflejaba la crisis financiera mundial, ahora nos adentra en una fábrica de componentes electrónicos en China, donde cuatro obreros tienen que pasar una serie de pruebas ante una examinadora sin compasión ni escrúpulos que los somete a una presión psicológica brutal. Es un tema muy tratado por Massini (su obra Siete minutos, que todavía no se ha visto aquí, también nos pone ante injusticias laborales invisibles) y de una manera efectiva y efectista: Sandra Monclús es la única protagonista en el escenario y representa el poder abusivo de las empresas, por encima de cualquier ley, de cualquier piedad… Cuatro sillas vacías. Ningún attrezzo. Es el público quien responde, en su mente, a las preguntas de la empresaria.

Tantarantana. Del 6 al 29 de julio.

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