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‘Llum trencada’, cuando la guerra civil destrozó los sueños de las mallorquinas

EDUARDO DE VICENTE | EL PERIODICO

El alzamiento militar de 1936 y la guerra civil provocaron múltiples víctimas en el país pero si hubo un colectivo que sufrió un gran retroceso fue el femenino, que vio sus derechos recortados y sus libertades cercenadas justo cuando empezaba a conseguirlas. Para demostrarlo, la periodista y escritora mallorquina Margalida Capellà recopiló en dos volúmenes los testimonios reales de esas mujeres en Dones republicanes: memoria de la guerra civil a Mallorca (1936-1939). Se trata de pequeñas grandes historias conmovedoras y sinceras de entre las cuales la compañía Iguana Teatre ha seleccionado unas cuantas para representarlas en un montaje con un título más que adecuado, Llum trencada, que puede verse en el Tantarantana solo hasta el 9 de febrero.

Y es que de eso trata esta obra, de la luz que desapareció para ellas con el cambio político y la inmersión en un periodo tenebroso en el que pasaban a ser actrices secundarias de sus propias vidas, al servicio de los hombres. En poco más de una hora se resumen unos cuantos casos por medio de las narraciones que explican Irene Soler Cubí, Marina Nicolau y Catalina Inés Florit cambiando constantemente de registro: de la alegría al dolor, del cariño al odio, mostrando un auténtico abanico de emociones.

La cultura femenina y la Iglesia

La escenografía es mínima, tan solo una gran alfombra roja antigua, tres sillas y, al fondo, una mesita con varios objetos. Las actrices visten respectivamente de rojo, marrón y negro y la función se inicia mientras suena de fondo la nostálgica Que reste t-i-l de nos amours. El primer caso que nos explican es el de una activista obsesionada por llevar la cultura a las mujeres de su localidad de Sóller explicado por sus sobrinas que la admiran. Fue candidata al Parlament republicano ¡una mujer!, quería ser la diputada de los pobres y recibió el sobrenombre de La dama roja. Se alegró cuando se aprobó el Estatut de Autonomia catalán de 1932 (afirmaba que ser de Mallorca es ser catalán) defendía la lucha y el progreso que proponían las izquierdas frente al inmovilismo de las derechas. Pero el optimismo de esta esperanzadora aventura política se convierte en dramatismo en el 36, cuando se apoderan del país palabras como guerra, exilio, prisión y asesinatos…

 

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