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Una distopía en tiempo presente

EN PLATEA – FERNANDO SOLLA

El Teatre Tantarantana convierte el Àtic22 en un espacio distópico y quizá no tan improbable como nos gustaría pensar con Punt de fuga o la moral de l’herbicida. Un acercamiento a un género que se suele trabajar mucho en el terreno audiovisual pero no tanto en el dramático.

Imagen versus palabra. La dramaturgia de María Porras, adaptada por la Companyia Ésgrata, bascula entre ambos canales de expresión de un modo que convierte le desconcierto inicial en algo tan alegórico como palpable. La dirección de Eduard Tudela sigue en esta misma dirección e introduce todos los giros formales con el ritmo adecuado para que el desarrollo narrativo promueva una fuerte sensación de extrañamiento a la vez que mantiene el interés y la preocupación por entender qué se nos quiere decir y por qué sucede todo y de este modo.

El dominio de la metáfora escénica nos lleva de nuevo a una muy feliz convivencia de imágenes y texto. Entre el bucle y la necesidad de escapar de la naturaleza del propio ser humano. La tolerancia y difusión de la idea de exterminio cuando creemos que un único fin puede llegar a justificar el medio elegido, por mucha base científica o no que tenga. Muy bien hallada la objetivación de un niño perdido en una planta, así como el uso y significado de la tierra más allá de su impacto estético. Incluso el olfato del espectador llegará a participar en su asimilación de la pieza. Detalles pequeños que suman poco a poco y aunque quizá haya más acumulación que desarrollo en algunos momentos, el resultado final es satisfactorio.

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