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“El teatro de lo impredecible, Una vivencia continua del Tantarantana”. CÉSAR INDIANO, reconegut escriptor hondureny s’atreveix amb l’Assajar és de Covards!

César Humberto Rodríguez Guerrero, més conegut com a César Indiano, és un escriptor, dramaturg, novelista i articulista hondureny que viu a Barcelona després d’haver abandonat el seu país per amenaces. Des de principis de temporada està vinculat al projecte PIECE de Teatre Comunitari Internacional i Intercultural i dilluns passat va atrevir-se amb una de les sessions d’Assar és de Covards… i això és el que li va semblar!

Ocurre el primer lunes de cada mes en el teatro Tantarantana de Barcelona ¡qué! un encuentro con la forma primaria del teatro, una invitación con aquella tarea básica de las tablas en la cual se traspasa la rígida cuarta pared corrediza para ver quien cruza la platea en busca de historias para contar…

Tiene gracia y mucha, el “fingimiento de la interpretación” hace una cita a ciegas con la simulación de una historia en bruto que suplanta y supera los artilugios del teatro teatral, es decir, del teatro elaborado. No llega el público a ver el rol prefabricado de una actriz que se destapa los sesos al borde de un abismo, pero sí vemos como se elabora en tiempo real – desde el rostro de una actriz exacta como Karin Espinagosa – la máscara virtual de un personaje que podría ser y no ser; en el ejercicio escénico ¡assajar és de covards” el dramaturgo echa un pulso con el escenario y con testigos a la vista calibra el temblor de su drama o el fuego de su narración. Todo transita de la llama a la ceniza en los nervios de la muestra.

¿Qué hacen mientras tanto los espectadores? Renuncian a los hábitos, es decir, invaden sin pudor los límites sagrados del relato. Saltan, irrumpen, dejan el “yo pienso” para crear el “yo existo” y de este modo se ensancha una actividad crítica interior que alcanza soberanía sobre aquello que teatralmente se puede ver, pero no tocar.

Con cachivaches sacados de un ático el Tantarantana – una antigua fábrica de paraguas convertida en teatro – ha creado un espacio y un tiempo para que el escenario auto destruya su propia unidad. Oscilando entre el juego, la investigación y la experimentación los autores en alianza con intérpretes, directores y espectadores, desbordan los límites de lo teatralmente correcto. Todo puede suceder y de hecho se espera que suceda, “assajar es de covards” pero al final se busca la valentía del que escribe una escena (o varias) imaginando lo previsible y descartando todo aquello que únicamente el teatro vuelve impredecible.
El “espacio vacío” del que tanto hemos hablado durante décadas puede ser habitado de dos modos, poniendo en escena la cadena infinita de acciones que estremecen o simplemente desvistiendo a la vista de todos “las cirugías estéticas” que el teatro encubre cuando no se muestra de cuerpo entero. Este teatro de azoteas, armado sobre la marcha nos hace recordar – a los que actúan y a los que hacemos dramaturgia – que entre la elaboración y la perfección hay un terreno inagotable que se llama improvisación. Felicidades a todos los chicos del Tantarantana por sus energías y, ante todo, por sus maravillosas osadía.

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